652 cuentas falsas han sido neutralizadas esta semana, pero nadie sabe cuándo ni cómo va a parar esta amenaza a las democracias mundiales.

 

Allá vamos otra vez: en un comunicado oficial publicado el martes 21 de agosto, Facebook afirma haber “eliminado múltiples páginas, grupos y cuentas con un comportamiento ilegítimo coordinado”, tanto en su propia plataforma como en Instagram. La cifra que se nos facilita es escalofriante: 652, lo que supone la mayor campaña de desinformación a la que hemos asistido hasta el momento.

 

En esta ocasión, el pueblo norteamericano no era el objetivo principal de estas actividades, sino que su interés se centraba sobre todo en influir sobre los electores de América Latina, Gran Bretaña y Oriente Medio (a través, por supuesto, de las famosas fake news). Según FireEye, la empresa de ciberseguridad que trabaja con Facebook en la detección de estas cuentas espurias, las elecciones de mitad de mandato que se celebrarán en Estados Unidos dentro de unos meses no son, por tanto, las únicas que peligran: estas operaciones “se extienden mucho más allá del electorado y la política estadounidense”.

 

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FireEye sitúa el origen de estas actividades en Rusia (cómo no) e Irán, lo cual repite el mismo patrón del comunicado que Facebook lanzó el mes pasado, en el cual revelaba que había limpiado 32 cuentas sospechosas. Como se puede comprobar, el crecimiento exponencial de la amenaza resulta francamente preocupante: desde que, allá por 2016, la famosa Internet Research Agency rusa empezase a diseminar mensajes polémicos, divisivos, sensacionalistas o directamente falsos sobre asuntos como el aborto, el control armamentístico o la inmigración, con el evidente objetivo de intervenir en el proceso electoral de Estados Unidos, estas prácticas han ido cada vez a más. La sospecha de que una red social como Facebook podría ser el vehículo más potente para la transmisión de fake news jamás creado es palpable, pese a los mejores esfuerzos de la compañía y los gobiernos por corregir el rumbo.

Si el comunicado de ayer sirve para demostrar algo es que nadie en Facebook piensa que estos “malos actores” (por utilizar su propia terminología) van a desaparecer de hoy para mañana, por muy bien que FireEye haga su trabajo. El quid de la cuestión está, por tanto, en la “tensión entre eliminar rápidamente a los malos actores y mejorar nuestras defensas a largo plazo”. Si encuentran un grupo dedicado a diseminar información falsa sobre temas sensibles, es evidente que su primer impulsa va a ser cerrarlo. Si lo cierran sin más, es posible que no aprendan nada sobre la metodología de los atacantes y, por tanto, se arriesgan a que surjan treinta más al día siguiente. Pero, y aquí está el verdadero dilema, no intervenir le da más tiempo a los malos actores para propagar su mensaje. Como se ve, no es una situación sencilla para nadie.

 

Quizá el mejor resumen lo haya hecho el senador demócrata Mark Warren: “No es posible que el problema de la manipulación en las redes sociales se limite a una sola granja de trolls en San Petersburgo, y ese hecho está ahora fuera de toda duda. Los iraníes están siguiendo el manual que el Kremlin utilizó en 2016”.

 

Fuente\  revistagq.com