Según un estudio liderado por Bernadette Moore, investigadora de la Escuela de Ciencias de la Alimentación y Nutrición de la Universidad de Leeds (Reino Unido), más del 90 % de los envases de yogur presentes en las tiendas y supermercados tienen la misma cantidad de azúcar que los refrescos azucarados. Lo corrobora un estudio llevado a cabo en el Reino Unido con más de 900 yogures y productos similares como petit-suisse y postres lácteos. Solo el 9 % son realmente bajos en azúcares y ni siquiera los etiquetados como orgánicos, saludables o pensados para la alimentación infantil se salvan.

 

De hecho, los llamados orgánicos se llevaron la palma, con unos 13 gramos de azúcar por cada 100 gramos de producto.
Esta constatación contradice las recomendaciones publicadas por la Organización Mundial de la Salud en 2015 sobre la ingesta de azúcar de niños y adultos por su relación directa con diversas enfermedades (coronarias, hipertensión, ictus, artrosis, cáncer de mama, endometrio o colon) y la obesidad. Para los expertos de la OMS, el porcentaje de energía procedente de azúcares libres añadidos o no presentes de formas natural en el producto debe ser inferior al 10% del total de calorías ingeridas.

 

Además, añadían que sería recomendable una reducción todavía más drástica, de menos del 5%. Teniendo en cuenta que un gramo de azúcar refinada contiene casi 4 kilocalorías (kcal), la cantidad máxima diaria recomendable para un adulto no debe superar los 50 gramos de azúcares y mucho menos si se trata de un niño.

 

La autora del trabajo Bernadette Moore explica que aunque hay pruebas “de los efectos beneficiosos que el yogur en general tiene para la salud, los que se ofrecen en el supermercado tienen tal variedad de nutrientes que hay que tener cuidado. La etiqueta de “orgánico” se suele asociar a la opción más saludable, pero puede aportar una fuente insospechada de azúcares a la dieta. Y muchos de los que aparecen como recomendados para niños, son muy azucarados. Los etiquetados deberían ser más claros para que los consumidores supieran bien la cantidad de azúcar que van a tomar”.

En general, apenas los yogures naturales y los griegos cumplían con la recomendación mínima de la OMS y con la del Sistema de Salud Británico (NHS), de 5 gramos de azúcar por cada 100 gramos de producto. Los llamados postres lácteos, con un promedio de casi 20 gramos de azúcar por cada 100 gramos, se llevaban la palma. Los productos a base de soja y similares, aunque no superaban el umbral máximo, tampoco eran particularmente bajos en azúcares.

 

Más del 90 % de los envases de yogur presentes en las tiendas y supermercados tienen la misma cantidad de azúcar que los refrescos azucarados.

 

Moore emprendió la investigación “cuando el Gobierno británico señaló los nueve productos principales, entre ellos los derivados lácteos azucarados, que aportaban la mayoría del azúcar ingerido por los niños. Yo, como otros muchos padres, consideraba a los yogures alimentos saludables sin caer en la cuenta de todo el azúcar añadido que llevan”.

 

La investigadora en nutrición Annabelle Horti, coautora del estudio, comenta que “el azúcar suele usarse como edulcorante para contrarrestar la acidez natural del ácido láctico producido por los cultivos presentes en el yogur. Pero estos microorganismos son los que hacen del yogur un alimento bueno para el aparato digestivo y tienden a estar presentes en grandes cantidades en los yogures orgánicos. Quizá por eso estos contienen más azúcar añadido, para neutralizar esa acidez y resultar más atractivos al consumidor”.

No hay que demonizar al yogur. Se trata de un alimento que constituye una buena fuente de bacterias buenas, aporta proteínas, calcio, yodo y vitamina B, tiene un efecto positivo en el desarrollo de los huesos y reduce la erosión de los dientes. Pero hay que buscar aquellos que no lleven azúcares añadidos.

 

Fuente\ muyinteresante.es