Riomaggiore es final o comienzo de etapa según hayamos iniciado nuestro recorrido de viaje por Cinque Terre. Si llegamos desde la Spezia será nuestra primera toma de contacto; y si por el contrario hacemos el circuito de norte a sur acabaremos en Riomaggiore nuestro periplo. Su nombre lo recibe del torrente Rivus Maior (hoy cubierto para controlar su caudal), que fácilmente hace adivinar la cantidad de agua que trasladaba desde la montaña hasta el puerto del pueblo. En el siglo XIII hay constancia de como las aldeas del interior promueven su fortificación como línea de defensa marítima ante las razzias y ataques berberiscos; prestando fidelidad a la República de Génova bajo la que permanece en su órbita.

 

Al igual que sus “hermanos” Riomaggiore cautiva con sus casas de colores descolgadas sobre la roca, en un ejercicio imposible de equilibrio. En los días de oleaje el espectáculo del mar bravo azotando el mínimo puerto de Riomaggiore es fascinante, con fotógrafos arremolinados esperando la “gran foto”. En esos días los barcos que conectan los diferentes pueblos de Cinque Terre ni siquiera pueden atracar por lo que deberemos buscarnos la alternativa en tren para recorrer el resto de pueblos.

 

El puerto es en realidad aprovechado en una ensenada natural entre dos grandes rocas que el pintor impresionista italiano Telemaco Signorini plasmó en lienzo, lo que permite ver como la fisonomía de Riomaggiore apenas se ha modificado.

 

Su tamaño es mayor que Vernazza, Manarola y Corniglia y por extensión y servicios es junto a Monterosso el más grande de los pueblos de Cinque Terre.

Las calles de Riomaggiore o bien siguen como un río el camino del mar o bien sirven para cruzar como terrazas panorámicas los niveles de altura hasta el castillo que es el punto más alto del pueblo. Las coloridas casas suelen tener dos accesos, uno inferior y otro del lado de la montaña, al segundo piso, y que servía como salida de escape en caso de incursión sarracena, habitual en los pueblos de Cinque Terre.

 

Desde la piazza del Sagrato donde está la Chiesa di San Giovanni Battista, la más importante del pueblos, ascendemos hacia el Castillo de Riomaggiore (siglo XIII). En su interior destaca el púlpito de mármol del XVII y el crucifijo de madera de Anton Maria Maragliano

 

 

 

La iglesia de San Giovanni Battista es del siglo XIV (1340) pero un derrumbe parcial hizo que se reconstruyera en la segunda mitad del siglo XIX.

 

En lo alto de la colina de Cerricó se asienta el castillo de Riomaggiore que ya el marqués Turcotti impulsó en 1260 para ser finalizado con el apoyo de Génova que compartía los interés defensivos de la costa de Liguria. Su acceso es gratuito y recomendable para tener una vista panorámica del pequeño burgo. El tamaño de las torres nos transmite como Riomaggiore se cerraba a cal y canto cuando se alertaba de la presencia de enemigos.

 

El en centro, en la calle Cristoforo Colombo encontramos la iglesia de la Confraternita dell’Assunta (XV-XVI), mientras que los oratorios de Sant’Antonio Abate y San Rocco son los otros dos humildes y sencillos monumentos de Riomaggiore.

 

Los escollos que como garfios se enfrentan al mar sirven de puntos panorámicos para tomar fotos de Riomaggiore y sus casas de colores, tan reproducidas gracias al impulso que dio Unesco declarando a Cinque Terre Patrimonio de la Humanidad. detrás del puerto, hacia al sur está el punto de atraque de los barcos que hacen al ruta marítima de Cinque Terre e inmediatamente después la playa de Riomaggiore que calma el calor del verano con su baño fresco.